La Anomia en el Deporte



La anomia es un estado que surge cuando las reglas y normas sociales se han degradado o en su defecto se han eliminado y ya no son respetadas por los integrantes de una comunidad, haciendo referencia a la carencia de leyes o incapacidad de la estructura social. Reciben este nombre todas aquellas situaciones que se caracterizan por la ausencia de normas sociales que las restrinjan. Esto quiere decir que la anomia explica el por qué de ciertas conductas antisociales y alejadas de lo que se considera como normal o aceptable.


Emile Durkheim fue un sociólogo y filósofo francés, siendo uno de los fundadores de la sociología moderna e introductor del término "Anomia”, un concepto central de la teoría de Durkheim en su obra “La División del Trabajo Social” la cual dice: “Un estado sin normas que hace inestables las relaciones del grupo, impidiendo así su cordial integración”
Este concepto trata de las explicaciones más convincentes de la conducta desviada en el individuo y en la sociedad o las rupturas de las normas sociales, afirmando que la sociedad es altamente conflictiva viendo a la anomia como una patología social.


Posteriormente, el sociólogo estructuralista Robert k. Merton con una modificación y ampliación en su obra Teoría y Estructura Sociales” la cual dice: “Las estructuras sociales ejercen una presión definitiva en ciertas personas de la sociedad, de tal manera que producen una conducta inconformista y de rebeldía en vez de una conformista". 
Esta obra fue de gran importancia para la explicación de la desviación de la conducta, la ruptura del orden social, retraso cultural, desorganización social y grupos de individuos asociales.


De esta forma, se puede catalogar la Anomia en el deporte como la falta de normas o aquellas conductas que pudiendo estar dentro de los reglamentos se desvían de las normas o conductas aceptadas socialmente. Las normas son el efecto de vivir y de transitar por esas prácticas. Cuando no hay regla no se sabe qué hacer y no se sabe qué esperar del otro. Pero, no solamente es que no hay ley, sino que no hay un parámetro moral compartido.


En el caso del deportista, no es amigo de la anomia, contribuyendo a ello a la predisposición y voluntariedad con la que éste encara su actividad. La práctica deportiva implica para su ejecutante un placer, por lo que la adaptación a las normas que hay dentro de la disciplina deportiva que practique, se logra con su consentimiento. Luego en su formación, el deportista particularmente el de “Disciplinas Colectivas” sabe que debe anteponer el bien del equipo al de su propio interés, por lo que la disciplina en el régimen de entrenamiento, descanso, viajes y comida, es un comportamiento que el deportista incorpora desde temprana edad, sumarse el respeto a las reglas del juego, que si son desatendidas pueden repercutir negativamente en el propio competidor, su equipo, compañeros y cuerpo técnico en sanciones de tipo disciplinario.


Todos estos hábitos que se incorporan desde la infancia llevan a considerar que un deportista bien formado difícilmente tendrá comportamientos anómicos, por desobedecer normas jurídicas o sociales en su vida en la comunidad. No se trata de formar individuos sumisos, sino de dotar a los mismos de un criterio social para la toma de decisiones.


Es por esta razón, que toda actividad deportiva, desde la más básica, como lo puede ser un juego de fútbol en la cancha o patio de un colegio durante la hora de recreo o receso, o en la cancha de la comunidad con un grupo de amigos, se deben tener ciertas normas y una estructura conocida previamente por todos los participantes. Generalmente estas actividades de juego o deportes improvisados carecen de un árbitro o persona que regule las faltas o infracciones, pero si es importante que existan líderes o capitanes en cada equipo que puedan explicar las normas con las que se juega a todos los compañeros (cuales son las faltas, límites de la cancha, duración del partido, etc...) y que a su vez sean garantes del cumplimiento de las mismas.


Este concepto, poco conocido y manejado es importante tenerlo en cuenta para saber que toda actividad deportiva debe tener ciertas normas, las cuales pueden de cierta forma regular la actividad de todos los que practican el deporte y de esta manera evitar desviaciones en la conducta de todos los participantes por no tener claros los límites entre lo que sería permitido y no permitido.



Como lo afirma el catalán Javier Olivera Bertrán: "La cultura contemporánea no se explica sólo con el deporte, pero es incompleta sin él. El deporte se ha consolidado en una práctica y en un espectáculo que ha superado barreras sociales, ideológicas, políticas e incluso culturales, por lo que se ha convertido en un símbolo cultural y en un fenómeno social de carácter mundial". 
Pocos acontecimientos generan tanta atracción en la humanidad, como los grandes eventos que propone hoy el deporte espectáculo (mundiales, juegos olímpicos, grandes premios, torneos).



A su vez, no debe existir otra actividad tan expandida y que reúna a tantas personas y sus grupos familiares como el deporte formativo, que a pesar de su incuestionable inserción social, el deporte sigue en nuestro medio relegado a un segundo plano muchas veces a merced de su utilización política como pantalla de humo o circo romano y sin un reconocimiento explícito en el contexto de las normas constitucionales.


El deporte resiste varias miradas, mas una de las menos abordadas es su fuerte componente educativo. El deporte es una formidable herramienta pedagógica, sólo hace falta que quienes poseen autoridad para aplicar políticas, decodifiquen correctamente su mensaje. No se trata simplemente de entender el deporte como una alternativa socorrista coyuntural y electoralista, sino de ver en él un germen para la construcción de mejores sociedades a futuro.


El deporte, las actividades físicas y recreativas, poseen rasgos incuestionables de inserción social, por ser  actividades tan expandidas y que reúnen la adhesión de tantas personas y grupos familiares. El patio, la cancha o el gimnasio, son las únicas aulas donde la mente y el cuerpo se funden en actitudes integrativas, de superación, de convivencia, de adversidad y hasta de flaquezas.


El deporte formativo conducido adecuadamente, introduce en su práctica la convivencia, la determinación de roles, el reglamento propio, la representación por medio de un capitán y subcapitán, un sistema de premios y castigos, asambleas, mediación y reflexiones sobre las buenas y malas actitudes observadas en el deporte espectáculo, las cuales dan a sus seguidores elementos que sirven para la construcción de su personalidad y son a su vez un antídoto contra la anomia.


Sin embargo, para lograr el equilibrio en la práctica deportiva, al igual que en la sociedad, aparecen las normas jurídicas y sociales que regulan los comportamientos humanos, reprochando aquellos comportamientos considerados indeseados o inadecuados; Cuando estas normas son desatendidas y no respetadas por la sociedad, estamos en presencia de la anomia (conductas desviadas, falta de normas o falta de leyes).


Finalmente, sabemos que el deporte, las actividades físicas y recreativas seguramente no tendrán todas las respuestas para la intolerancia, el autoritarismo, la anarquía, y las conductas desviadas que a veces observamos en la sociedad en nuestra atribulada vida cotidiana, pero indudablemente colaborará y mucho en combatirlas formando seres adultos auto-realizados, libres, tolerantes, responsables y abiertos a lo universal.


El Nacionalismo, Fanatismo y Chauvinismo son ideologías, creencias y sentimientos que posee un individuo, siendo factores que pueden desencadenar en comportamientos anomicos.



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